La historia de Liana empieza mucho antes que Liana: empieza en un altiplano a mil cuatrocientos metros, donde el azafrán se cultiva desde hace tres mil años.
Cada año, hacia finales de octubre, ocurre algo extraordinario en el este de Irán: de la tierra parda y seca de Jorasán brotan, casi de un día para otro, millones de flores violetas. Es la rosa del azafrán, Crocus sativus, y su tiempo es brevísimo. La flor se abre de madrugada y empieza a marchitarse en cuanto el sol calienta; todo lo que vale la pena de ella debe recogerse antes del amanecer.
Por eso la cosecha del azafrán no se parece a ninguna otra. Familias enteras salen al campo de noche, con linternas y cestas de mimbre, y recogen flor a flor, con dos dedos, sin prisa y sin pausa. En el corazón de cada flor esperan tres estigmas rojos: el azafrán. Todo lo demás — pétalos, estambres, estilo — es envoltorio.
Hacen falta unas ciento cincuenta flores para reunir un solo gramo de hebras secas. Quien haya visto una sola madrugada de cosecha no vuelve a preguntarse por qué el azafrán vale más que la plata.
La flor se abre de noche y se recoge al alba
Nueve de cada diez hebras de azafrán que se consumen en el mundo nacen en Irán, y la inmensa mayoría en una sola región: Jorasán. Inviernos fríos, veranos secos, suelos minerales y una altitud que ronda los mil cuatrocientos metros componen un clima que la flor del azafrán encuentra en muy pocos lugares del planeta.
Nuestras fincas asociadas se reparten entre Torbat-e Heydarieh y Gonabad, dos comarcas donde el agua llega todavía por qanats, los canales subterráneos que los persas excavaron hace más de dos mil quinientos años y que la UNESCO protege hoy como patrimonio de la humanidad. Allí el azafrán no es un cultivo: es una herencia que pasa de madres a hijas, de padres a hijos, con la misma naturalidad con la que se hereda un apellido.
De esa herencia venimos nosotros. Más de veinticinco años cultivando y comerciando azafrán nos han enseñado lo más importante: saber de quién es la mano que recogió cada flor.
Torbat-e Heydarieh · El desbriznado del mismo día
«En Jorasán no se pregunta cuánto azafrán tienes. Se pregunta de quién lo has aprendido.»Dicho de los cultivadores de Gonabad
Entre la flor y la especia hay un gesto que decide toda la calidad: el desbriznado. La misma tarde de la cosecha, las flores se abren una a una y se corta el estigma rojo justo donde se une con el estilo blanco. Si se corta bien y se seca con delicadeza, nace el azafrán Neguin — «la gema», en persa —: hebras enteras, rojas de punta a punta, la categoría más valiosa que existe.
Ese es el único azafrán que lleva nuestro nombre. Cada lote se seca lentamente, se guarda a granel protegido de la luz y se analiza en laboratorio: nuestras hebras superan los 220 puntos de poder colorante, el umbral de la Categoría I de la norma ISO 3632. La mayoría del azafrán que se vende en Europa no se le acerca.
Conocer las variedades y la calidad
Neguin: solo el estigma rojo, entero
En 2017, después de dos décadas trabajando el azafrán en origen, decidimos cruzar el mapa. Elegimos España — el país que mejor entiende el azafrán en Europa, el país de la paella y del arroz meloso — y elegimos Barcelona, en la Rambla de Catalunya, para fundar Iran Commerce S.L.
Dos años nos llevó montar el puente: acuerdos directos con las familias cultivadoras, supervisión de las Cámaras de Comercio iraníes en origen, registros sanitarios europeos, análisis de cada lote. En 2019 llegó el primer envío, y con él una promesa que seguimos cumpliendo: ni un solo intermediario entre el campo de Jorasán y su cocina. Lo que sale de la finca es exactamente lo que usted recibe.
Barcelona · La colección Liana
Escogimos un nombre de mujer persa, dulce de pronunciar en cualquier idioma, porque en Jorasán el azafrán es, sobre todo, un saber de mujeres: son sus manos las que recogen, desbriznan y guardan. Liana es nuestro homenaje a todas ellas — a las que madrugaron ayer y a las que madrugarán dentro de cien años.
Cuando abra una de nuestras botellas, huela primero. Ese aroma seco, dulce y ligeramente amargo ha viajado cinco mil kilómetros sin que nadie lo tocara por el camino.
Nuestros fundadores comienzan a cultivar y comerciar azafrán en Jorasán junto a familias productoras de Torbat-e Heydarieh y Gonabad.
Nace Iran Commerce S.L. en la Rambla de Catalunya de Barcelona, con un único propósito: traer el mejor azafrán del mundo a España sin intermediarios.
Primer envío directo de azafrán Super Neguin con registro sanitario europeo y análisis de Categoría I ISO 3632. Nace la marca Liana.
Liana llega a tiendas gourmet, restaurantes y hogares de toda España, y amplía su mundo con una colección de delicatessen elaboradas con nuestro propio azafrán.
Cada botella de Liana es el final de una madrugada de octubre en Jorasán. Le invitamos a abrirla.
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